Tenían razón mis amantes
en eso de que, antes,la mala era yo,
con una excepción:
esta vez, yo quería quererlo querer
y él no.
Así que se fue, me dejó el corazón
en los huesos y yo de rodillas..
Tanto lo quería,
que tardé en aprender a olvidarlo,
diecinueve días y quinientas noches.
Dijo hola y adiós, y, el portazo, sonó
como un signo de interrogación,
sospecho que así se vengaba, a través del olvido, cupido de mi.
No pido perdón, ¿para qué? si me va a perdonar
porque ya no le importa…
Tardé en aprender a olvidarlo,
diecinueve días y quinientas noches.
Y regresé
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